viernes, 24 de mayo de 2013

LA TECNOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE

la tecnología y medio ambiente

Desde los tiempos prehistóricos las personas han obtenido recursos para cazar, protegerse, etc., de la naturaleza. La naturaleza es capaz de renovar muchos recursos naturales si se consumen a un ritmo adecuado, pero otros recursos no pueden renovarse. Por ejemplo, el petróleo y el carbón tardan en formarse millones de años. Sin embargo, desde la época de la Revolución Industrial, las personas hemos consumido la mayor parte de las reservas mundiales de estos combustibles fósiles.


Todos sabemos que el problema de generación de tecnologías apropiadas no es más que 
una parte de una problemática mucho más amplia. Una problemática que está en continua 
evolución y cuyos términos de referencia en muchos casos, son nuevos o relativamente 
nuevos; es además conflictiva y en continuo cambio, como corresponde, naturalmente, a la 
situación de rápida crisis y transformación del mundo actual. Por lo tanto, no voy a intentar 
poner al día el problema; en primer lugar, porque dada esa situación de continuo cambio, de 
conflicto continuo, es muy difícil hacerlo, y aun en el caso de ser posible, no me siento 
capacitado para ello; en segundo lugar, porque no es necesario: todos ustedes conocen el 
tema por lo menos tan bien como yo. Lo que voy a hacer entonces, y supongo que es el 
objetivo de haberme pedido que hiciera esta presentación, es exponer algunas reflexiones 
personales sobre qué problemas son, o considero que son fundamentales en esta temática 
general. Además, ofreceré algunas sugerencias sobre la generación precisamente de 
tecnologías apropiadas. 
Aclaro que cuando digo reflexiones personales, no quiero decir originales. Una de las cosas 
que uno aprende rápidamente en este mundo es que no hay cosa más difícil que ser 
original. Al decir personal, simplemente señalo que, cuando uno trata de evaluar cuáles son 
los problemas fundamentales, lo hace con una gran dosis de subjetividad, de manera que 
no pretendo que lo que voy a decir refleje el pensamiento de todos. Simplemente son 
reflexiones, opiniones personales, y si alguna de las ideas que voy a exponer sirven para la 
discusión de la problemática que se va a tratar después, que es la experiencia 
latinoamericana, creo que con eso habré conseguido el objetivo que me propongo. 
Para comenzar, quiero señalar que una de las cosas realmente sorprendentes que hemos 
vivido todos los que desde hace un cierto tiempo nos hemos interesado por este problema, 
es el enorme cambio que se ha producido en el mundo actual en la concepción misma de lo 
que representa la tecnología para la sociedad moderna. Para marcar esto, bastan dos citas 
muy breves. Una de ellas es cómo se definía tecnología hasta hace muy poco en la mayoría 
de los diccionarios y todavía en algunos de ellos. Dice simplemente (lo acabo de sacar de 
un diccionario editado por Pinguen): “ciencia de las artes mecánicas e industriales”. Es 
decir, algo que se refiere, en forma más o menos inofensiva, a la parte puramente material 
de la actividad humana. Podemos comparar esta definición con otra muy reciente dada por 
L. Winner en su libro Autonomía Tecnología, que dice: “tecnología en sus varias 
manifestaciones es una parte significativa del mundo humano. Sus estructuras, procesos y 
alteraciones entran, y se hacen parte, de las estructuras, procesos y alteraciones de la 
conciencia humana, de la sociedad y de la política”. Así pues, hemos pasado, en muy poco 
tiempo relativamente, de ver la tecnología como se veía en el siglo XI y aún antes, como 
simplemente un complemento de la parte material de la vida humana, a considerarla una-parte central de la actividad social, que condiciona el “qué hacer” y “cómo hacer” de una 
sociedad.
Ahora, si tomamos ese amplio campo que es la problemática tecnológica del mundo 
moderno, ¿qué elementos puede uno diferenciar como esenciales? Son muchos, 
obviamente. Me referiré a dos, que creo que son centrales. El primero es la visión que el 
hombre moderno tiene de la tecnología. Lo esencial aquí es que el hombre actual ve la 
tecnología implícitamente como algo que evoluciona en forma lineal, como la 
consecuencia “natural” e inevitable del progreso científico. En otras palabras, en esa visión, 
la tecnología evoluciona como si tuviera una especie de código genético propio, 
relativamente independiente de la sociedad que la rodea y de los valores de la misma. Dicho 
de otra manera, para el hombre actual la tecnología es que sucede, algo externo a él, en lo 
cual tiene muy poca participación. 
Una de las consecuencias de esta visión de la tecnología, sobre todo en los países 
desarrollados, es la aparición de una corriente de pensamiento que cuestiona no solamente 
la tecnología, sino la ciencia en la cual ésta se basa. Aparece así la tecnología -al igual que 
la ciencia- concebida como una especie de fantasma desencarnado, responsable de todos 
los males sociales, olvidando que esa tecnología se basa esencialmente en los valores de 
esa sociedad. La consecuencia -y creo que muy pocos científicos se dan cuenta realmente 
de la importancia que tiene- es que por primera vez desde la revolución científica del siglo 
XVI los fines y valores de la ciencia comienzan a ser cuestionados por sectores sociales 
cada vez más amplios. 
El segundo punto, que tiene más que ver con el tema que nos ocupa y al que me voy a 
referir con un poco más de extensión, es el de la trasferencia de tecnología. Esta ha existido 
a través de toda la historia. Las culturas, los pueblos intercambiaron siempre tecnología. Es 
un hecho que aparece desde el paleolítico. Pero, también por primera vez en la historia, nos 
encontramos ahora con una transferencia de tecnología que es discrecional a escala 
mundial. Un grupo de pueblos que ha tenido su propio estilo de desarrollo -Europa, Estados 
Unidos, Japón- transfiere su tecnología hacia el resto del mundo, sin prácticamente ninguna 
acción en sentido inverso. Si se profundiza un poco más, se encuentra que esa recepción 
pasiva no sólo le sucede al mundo subdesarrollado; aun en el mundo desarrollado la 
tecnología también se crea en unos pocos centros, que son los que tienen capacidad 
económica y científica para generarla, y de allí se expande al resto de la sociedad. A. 
Koestler ha dicho que uno de los males de la sociedad moderna es la aparición de lo que él 
denomina salvaje urbano. El problema no es tanto, dice, que el hombre de las sociedades 
industrializadas use tecnologías avanzadas, a veces destructivas y dilapidadoras, sino el 
hecho de que desconozcan totalmente cómo funcionan y cuáles son los principios 
científicos en que se basan. 
En la transferencia internacional de tecnología, un hecho que a veces se olvida es que, 
cuando se transfieren tecnologías, se están también transfiriendo formas culturales. Quiero 
citar aquí una frase de Amulya Reddy que me parece reveladora sobre este punto: “la 
tecnología se parece al material genético: lleva el código de la sociedad que la concibió y, 
dado un medio favorable, trata de reproducir esa sociedad”. Es otra de las cosas que 
tenemos claras ahora, que cuando importamos tecnología, importamos mucho más que 
tecnología, importamos formas culturales, modos de relación humana, etc. 



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